Estamos en recesión. Es un hecho. Bien, no lo vamos a discutir.
La crisis. Es regional y mundial. Bien, no lo vamos a discutir.
La crisis es financiera y económica. Bien, no lo vamos a discutir.
Respecto a la crisis financiera, el gobierno español, con dinero público, ha salido "al rescate" de las entidades bancarias comprándole los activos de difícil liquidez. Bien, lo debíamos discutir. Y mucho.
En la crisis tiene una gran influencia el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Bien, no lo vamos a discutir.
La consecuencia es la quiebra de las empresas constructoras y auxiliares. Bien, no lo vamos a discutir.
En España, debido a la coyuntura europea, también ha entrado en crisis la industria del automóvil, ya que éramos el tercer país exportador. Bien, no lo vamos a discutir.
Por todo eso, forman una larga procesión los concursos de acreedores, las quiebras, los ERES, etc de las empresas de la construcción, inmobiliarias, automovilísticas y auxiliares de ambos sectores. Bien, no lo vamos a negar.
El goteo- mas bien río caudaloso- de trabajadores que todos los días van al paro es una sangría muy dolorosa. Bien, no lo vamos a negar.
Pero lo que no puede ser es que asistamos -como siempre- silenciosos, callados y cómplices al cierre de empresas que no tienen nada que ver con ninguno de estos sectores.
Hoy, por ejemplo, en Marchena, un pequeño pueblo de Sevilla, irán al paro 60 trabajadores porque cierra la conocida empresa de pipas de girasol Kelia. Mal, eso si lo vamos a discutir.
Del mismo modo, hace unas semanas, en Mallorca iba a cerrar una factoría de quesos El Caserío. Mal, eso si lo vamos a discutir.
Y así un reguero de empresas que aprovechan la situación para echarle la culpa al empedrado.
Exijamos a los gobernantes que esas empresas productivas de la economía real no pueden cerrar con la excusa general de la crisis.
No se puede adoptar una actitud pacífica con esas empresas tramposas.Las inspecciones de Trabajo y de Hacienda deben actuar y sancionar lo punible.
Si cierran, que sea con el máximo coste legal y nada de ayudas y pagos de costes sociales con cargo al erario público.
Y conviene preguntarse: ¿ A qué estamos esperando para unirnos y salir a manifestar nuestra solidaridad con todos aquellos que van al paro por miles cada día?
No se trata de huelgas, de partidos, de iglesias, ni de sindicatos.
Se trata de un movimiento ciudadano espontáneo que diga NO a los empresarios que se han llevado los magros beneficios de todos estos años.
Que les diga alto y claro que no estamos dispuestos a ser siempre los mismos los que arreglemos el salón cuando los señores se emborrachan y lo rompen y lo empercochan todo.
Que nunca mas, mientras ebrios se llevan a sus queridas a la cama, lo pobres de siempre vamos a limpiar y adecentar el local para la próxima fiesta.
Ha de surgir esa unidad. Ya no son suficientes aquellas personas aisladas a las que se refería Bertolt Brecht:
"Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero están los que luchan toda la vida, y esos son los imprescindibles"
Hagámonos ya todos imprescindibles.
¿ Por qué no?